Detrás del Muro

Cuando tenia 13 años de alguna manera The Wall de Pink Floyd llego a mis manitas y a mis pequeñas y curiosas orejitas ávidas por ampliar mis conocimientos y gustos musicales. El madrazo fue instantáneo. Durante meses comí, bebí, soñé y cague “di gual”. Además me avente a escuchar otros álbumes de Pink Floyd, como Dark Side of The Moon, Wish You Were Here, Animals o el intragable Ummagumma. Pero el detonante de todo fue “El Muro”. Cuando presencie el concierto que acompaño a este álbum ( y el de Berlín) y la película, The Wall ya era una especie de himno para mi y uno de mis álbumes favoritos. Pero mas allá de las imágenes icónicas y el espectáculo grandilocuente y pretencioso, lo que siempre me identifico con ese álbum fue el patetismo que Roger Waters había vomitado en forma de letras agrias, preciosas, culeras y depresivas.
De repente sentirte absolutamente solo no era tan malo, sentir “que nadie te entendía” parecía ser cool, ser un completo y absoluto pendejo con el tema de las mujeres no parecía ser un gran problema (en esto momentos ya estoy hablando de mi versión con pelos en los huevos de 17 años) Después de todo si un rock star como Waters podía sentirse de esa manera y haber acabado “tan bien” ¿qué tiene de malo que yo me sintiera de la misma manera de vez en cuando?

Cuando Waters comenzó sus giras de In The Flesh, me perdí la primera porque me entere demasiado tarde y la segunda por falta de dengo. Y Dark Side Of The Moon me la perdí por alguna razón, que no puedo recordar. Cuando me entere que su ultima gira, y me refiero a su ultima gira, (después de esto no habrá mas Roger Waters), iba a traer de vuelta el espectáculo de The Wall, sabia que no podía perdérmelo, había deseado ese momento desde que tenia 14 años. Tengo que admitir que estuve preocupado, Waters ya no es un jovencito y temía que ese sentimiento que me provoca escuchar The Wall no se plasmara en el espectáculo en vivo (nótese el uso de espectáculo en vez de la palabra concierto) ya que había visto tantas veces The Wall en video, en sus diferentes concepciones, que pensé que no podía haber algo nuevo o que al menos me hiciera emocionarme sobremanera.

Y me equivoque, y estoy feliz por eso, la grandeza de The Wall sigue intacta, la unión de imágenes, música, letras y sentimientos sigue tan fresco como ese 30 de noviembre de 1979.
Recordar la imagen proyectada en el muro de esa niña llorando mientras abraza  a su padre que regresa de la guerra mientras Waters se pregunta que ha pasado con Vera o ver a ese niño esquelético y con el estomago inflado por los parásitos mientras pide que traigan a los chicos de vuelta a casa aun me provocan un nudo en la garganta. Y al mismo tiempo me hace preguntarme ¿estamos completamente solos? y esa lectores…
Esa es la grandeza de The Wall, recordarnos, irónicamente, que no lo estamos.

All alone or in twos
The ones who really love you
Walk up and down
Outside The Wall

 

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2 Comments

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  1. Camarada, un gusto seguirte leyendo y una lástima que no te haya visto en el concierto de Maiden. Excelente entrada sobre “de gual”

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    • Pues ya ve, ademas de dejarme una grata experiencia, Roger Waters (o mas bien OCESA) también me dejo en la bancarrota. Espero que haya disfrutado a la bestia un chingo y haya cantado The Trooper por mi, así como hace 2 años :).

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