Mis Grandes Películas

En 2009 (¡2009!) comencé con lo que parecía una lista bastante corta y definida de mis películas favoritas (35 películas en total). Poco a poco la lista fue creciendo, gracias a los “métodos alternativos” para conseguir cosas por el internet, por lo que me fue casi imposible mantener dicha lista con un número manejable de filmes. Así que, ahora re-visitare mis primeras entradas y seguiré escribiendo sobre aquellas películas que he visto desde entonces y me han encantado por las razones más variadas: por ser realmente geniales, divertidas y hermosas, por ser bodrios espantosos que no puedes evitar amarlos (Sí. estoy hablando de The Room) o simplemente porque tienen como protagonista a la vagina de Eva Green. La lista será larga, variada, bien divertida y no tendrá ningún orden en particular.

Sin más los dejo con las versiones Redux (y espero mejoradas) de las películas de las que ya había escrito en el lejano año de 2009. Espero que disfruten mis razones especialmente pendejas de porque estas películas pueden considerarse “grandes películas”, pero en particular porque las considero “mías”. 

Die Hard (1988, John McTiernan)

Die Hard es la película que vino a inaugurar esa oleada de cintas veraniegas de acción con niveles de adrenalina, explosiones, sangre y balazos dignos de cualquier noticiario amarillista. Pero más alla de su “importancia cultural” se destaca ese hombre, si ese mismo que aún después de 20 años derriba helicópteros con automóviles porque “se le acabaron las balas”. La figura de John McClane (Bruce Willis) está grabada en mi retina gracias a las hazañas hechas ese día en la Nakatomi Plaza. Matar terroristas descalzo y con los pies astillados, hacer mierda el edificio, quebrar cuellos, colgar a alemanes mal humorados de cadenas, crear una bomba con un simple monitor de computadora y enfrentarse a uno de los villanos más simpáticos que  haya aparecido en la gran pantalla: Hans Gruber, (Alan Rickman) son algunas de las cosas que McClane puede hacer, aún cuando se encuentra de vacaciones y visitando a su esposa… ah si, y durante navidad. La única serie de películas que podria comparase a Die Hard, es la de ese otro gran hijo de puta conocido como Jason Bourne. Después de tantos años el filme aún impresiona por su escala y sus secuencias de acción, que muchas películas desde entonces han tratado de copiar. Aún me emociona el momento en el que los malos encuentran el cadaver de uno de sus compinches en el ascensor con la leyenda: NOW I HAVE A MACHINE GUN HO-HO-HO. En ese momento John McClane se convirtió en Dios. Y McClane es el principal culpable que la serie de Die Hard funcione, ya que el cabrón es carismático, bien parecido y un simple policía que de alguna manera siempre se encuentra en el lugar adecuado en el momento adecuado, metiéndose en  situaciones totalmente ajenas a él. En pocas palabras el badass que todos deseamos ser. Evítense Die Hard 5, o como chingados le hayan puesto, la primera Die Hard es the real deal.

¿Alguna vez pensaron que el malo aquí es John McClane?

Jurassic Park (1993, Steven Spielberg)

Mi niño interior me pide esto a gritos. Jurassic Park es sin duda alguna uno de los festines visuales más impresionantes en la historia del cine. Aún recuerdo la primera vez que la vi, el pequeño Esaú de 5 años sentado en la primera fila del cine, no porque mis padres sean unos inconscientes y decidieran sentar a su pequeño retoño en primera fila para que pudiera ver con lujo de detalles como un guardia del parque es devorado por unos velociraptores, que de hecho no son tales, sino deinonychus.

Vraptor-scale
Al carajo con nuestros recuerdos de la infancia. Sí, esas son plumas.

La razón es mucho más simple: el cine se encontraba abarrotado de gente, así que gracias a ese pequeño problema pude disfrutar de esta joya de Spielberg en todo su jurásico esplendor. Aún recuerdo que mi madre intento taparme los ojos en el momento que el Tiranosaurio se come al abogadillo mientras está en el escusado. Spielberg había demostrado en Jaws que era capaz de aterrorizar a la gente y que tenia un poco de Alfred Hitchcock. Con Jurassic Park confirmó que era capaz de fascinar y al mismo tiempo asustar, aunque, obviamente el efecto no era el mismo debido a la imposibilidad de encontrarnos con un Velociraptor en nuestra cocina. Pero más allá del festín visual, lo más interesante de Jurassic Park son los dilemas morales a los que los científicos del parque se enfrentan y que Ian Malcolm con toda su actitud “soave” le hace notar a John Hammond. Si tuviéramos la oportunidad de traer de vuelta a una especia hace mucho tiempo extinta ¿deberíamos hacerlo? Spoiler: La respuesta es, si. La respuesta siempre es sí.

Imaginen las posibilidades.

Jurassic Park es la responsable de mi obsesión con los dinosaurios durante la mayor parte de mi adolescencia y aunque nunca llegue al nivel de un Ross Geller, sin duda contribuyó a mi interés en temas que poco tenían que ver con la paleontología. Pero nada de lo anterior importa, porque Spielberg, me regaló (o más bien nos regaló) una de las escenas más bellas en la historia del cine…

No, no esta escena.

Ésta: Robert Muldoon devorado por una Velociraptor en un ataque digno del Viet Cong.

Clever girl, indeed.

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