Maravillas Biomecanoides

Casi cualquier persona que haya nacido a mediados o finales de los años 80 puede reconocer a la criatura que diezma a la tripulación de la Nostromo en la película Alien de Ridley Scott. Esa bestia espacial, más tarde conocida como Xenomorfo, se encargo de perseguirme en algunas de las pesadillas más vividas que haya tenido. Nota mental: un niño de 5 años se la puede pasar mal si le pones Alien y lo dejas solo en su habitación. Sin embargo años después yo y el Xenomorfo nos reconciliamos gracias a esto:

La invención más conocida de H.R. Giger es solo una pequeña muestra de su disparatada, grotesca y sexual imaginación. Algunos de sus trabajos son verdaderamente perturbadores. Siendo sincero no recuerdo como llegue a él, probablemente gracias a un documental sobre la trilogía de Alien (Sí, trilogía, no se que carajos es Alien Resurecction). Desde un principio encontré su trabajo fascinante, excitante, “prohibido” si quieren: “Probablemente no debería de estar mirando esto, ¿pero por qué no puedo apartar la vista de la mujer con cabeza de pene y piernas metálicas increíbles?” eso es lo que pasaba por mi mente la primera vez que vi el Necronomicon. Me imagino que así se sentía Ted Bundy cuando guardaba las cabezas cercenadas de sus víctimas en su refrigerador.

Si miran con detenimiento podrán ver un ligero contenido sexual en sus pinturas.
Danzig y Lovecraft lo hubieran amado por igual.

Poniendo a un lado las imágenes y pinturas, lo que siempre me fascino de la obra de Giger, es imaginar el proceso mental para pintar semejantes paisajes, ya que, aunque la mayoría de sus obras tienen “forma humana” la escala de las criaturas cambia cada vez que miro una de sus obras: “¿Tienen tamaño humano o son del tamaño de montañas, enormes estructuras de metal y carne? falos y vaginas, cuerpos perfectos y deformes entremezclándose hasta el infinito”.

Mi madre hubiera querido sorprenderme mirando simple y llana pornografía.
“Gag on my cock” descripción gráfica

Giger hombre extraño entre los hombres extraños, utilizó ese desorden del sueño que sufrió durante la mayor parte de su vida, los llamados “terrores nocturnos”, para crear algunas de las obras más increíbles, no por el contenido de sus pinturas, si no por el hecho de que todo lo que vemos en su obra, son las cosas con las que tenia que luchar cada vez que dormía. Puedo imaginarme a Giger terminando una de sus pinturas en su estudio: “Oh si, esta criatura tiene una vagina por boca y un pene por lengua… y aun así vas a querer fornicar con esta pintura, mientras huyes de ella. Ahora saben lo que es ser yo, e intentar dormir por las noches.”

Con su muerte, mis esperanzas de ver una (buena) película basada en el imaginario de H.P. Lovecraft se fue al caño, ya que H.R. Giger era el único capaz de traer a la vida esos seres de pesadilla que atormentaban a los protagonistas de las historias de Lovecraft. Que su estilo no los confunda, perdimos a un genio.

 

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